sábado, 10 de marzo de 2012

EL MUERTO ESTÁ VIVO Y TODO ES NORMAL


"...Otro rasgo muy característico de la relación perversa es que la víctima nunca llega a pisar suelo firme y saber que se le reprocha, para así encontrar una salida. El perverso manipula y recurre al descoloque para paralizarla: se contradice, niega, miente. Como la víctima considera que tiene la llave para ayudar a su “agresor”, que sólo ella puede llenarlo con su vida y con su amor, intentará adaptarse. Está convencida de que el diálogo será parte de la solución, pero no logrará comunicarse. Por ello la víctima acumula grandes dosis de estrés y de tensión que fomentan los trastornos crónicos, la ansiedad y el agotamiento. Suele pasar de ser una persona llena de vida a una persona deprimida y que se siente vacía. Se instala en la sumisión psíquica por su tendencia a culpabilizarse, por el miedo a hacer o decir algo que enfurezca al perverso y que le acarreé un castigo cualquiera, por evitar tener que soportar más silencio, más desprecio, más palabras hirientes. O también, de forma más inconsciente, porque le cuesta demasiado reconocer que su verdugo nunca la quiso, o renunciar al ideal de que ella podría salvarlo.

En el nombre del deber o en nombre del amor, esta persona ha estirado los límites de lo aceptable hasta lo inaceptable, pero sigue allí, incapaz de tomar una decisión. Al cabo del tiempo se siente tan anulada que ya no es nadie: “El muerto está vivo y todo es normal”.

Elsa Punset

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