El rasgo fundamental de la madurez consiste en el obrar reflexivo y racional y la sobre posición de la voluntad y racionalidad sobre los apetitos y los instintos. Una conducta centrada en un plan de vida, en un conjunto de ideales no utópicos y adecuadamente escalonados en el tiempo, de acuerdo a las propias capacidades.
Una de las condiciones de la madurez está en asimilar la frustración, aprendiendo a no adjudicar responsabilidades externas cuando la razón de ser reside en nuestras propias incapacidades.
Pero nadie dijo que fuera fácil...
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